En efecto, la Universidad Veracruzana dispone de menos lugares (tiene menos presupuesto). La ventaja es que sí es una universidad estatal: tiene campuses al Norte, Centro y Sur de Veracruz.
Durante lustros, el examen de la UAP era de diagnóstico, no se calificaba. Todos eran admitidos, ya cada uno presentaría su examen personal: algunos desertaban por un error de vocación, otros porque no se puede trabajar y estudiar; algunos fallecían en accidentes automovilísticos, otros por enfermedad, otros porque no podían vivir lejos del terruño (choque cultural, soledad, depresión, nostalgia [1]). Luego, con la BUAP, el proceso de admisión se hizo anual y, según recuerdo, el día que recogí el título en el Departamento Escolar [2] había una marcha de rechazados que exigía revisión bloqueando todo Blvd. San Claudio (desde 14 Sur hasta 22 Sur).
En la UV ha pasado lo mismo, pero mucho antes: en tiempos de La Fidelidad (Fidel Herrera Beltrán, un merolico a medio camino de El Peje y El Huitlacoche), creo que abogó para que el CENEVAL repusiera el proceso.
Los rechazados de la BUAP se van a las escuelas privadas, son como 30; algunas buenas, otras regulares y varias universidades-patito. Se preparan y lo intentan al año siguiente. Hay quien logra ingresar al tercer intento. Probablemente de ahí venga todo este movimiento contra la educación formal: de los rechazados.
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