Creo que Salman Rushdie estuvo en la Casa Refugio del Escritor, en Puebla. Probablemente en los días que Pedro Ángel Palou era Secretario de Cultura. Estaba en el Centro, en Maximino Ávila Camacho, cerca de la Facultad de Filosofìa y Letras de la UAP. Quizá en esa época lo entrevistó Ricardo Rocha (Carlos Fuentes se había sumado al Comité Pro-Rushdie).
La publicación de The Satanic Verses coincidió con el acercamiento del gobierno británico e iraní, que venía de una desastrosa guerra de diez años con Iraq y le urgía crédito para su reconstrucción (los ingleses necesitaban energéticos). Un líder religioso, bastante enfermo, tiene la puntada de usar su poder para decretar una sentencia de muerte al escritor británico, la editorial y todos los que tuvieran que ver con la publicación de la novela. Para mí, como se lo comenté al Mtro. Noé Castillo Alarcón en un telefonema, la verdadera razón para decretarle una fatwa tiene que ver con la caricatura que hizo del Ayatola Jomeini: un líder que vive encerrado en su departamento de París para evitar la contaminación de Occidente, aguardando el regreso tras la caída del sha de Irán (exiliado en Acapulco). A la propia Margaret Thatcher la llama Maggie La Sanguinaria y, en novelas anteriores, se mofa de Indira Gandhi y del generalote de turno en Pakistán. En fin, se había vuelto papa caliente y moneda de cambio para ambos gobiernos.
El caso es sobre la libertad de expresión, base de la democracia. La censura y los presos de conciencia son el pan de cada día de las dictaduras. Aquí y en China. En mi novela, uso una frase de Los versos satánicos como epígrafe: Cuán dura la lucha ...
