Proust estaba ahí, sólo que no lo había descubierto. Me había quedado solo o había yo llegado demasiado temprano a La Paz (comida familiar de los domingos). Fui al estudio de Lola o de mi padrino Vicente y andando tropecé con un ejemplar voluminoso, un tabique: En busca del tiempo perdido. Sabía que existía y de quién era. Ignoraba que es un grupo o serie de novelas: Por el camino de Swann, A la sombra de las muchachas en Flor, Sodoma y Gomorra, Albertina ha desaparecido o La Fugitiva, La Prisionera, Por el camino de Guermantes, El tiempo recobrado.
La novela inicia con la escena del beso de las buenas noches. Yo fui un niño muy apegado a la mamá, de modo que el impacto que sentí fue muy fuerte: el niño Marcel no podía dormir sin ese beso de despedida.
Pero el estilo de glosas de glosas de Proust no me enganchó (por lo demás, así habla mi mamá, por lo que a veces, cuando el tiempo apremia, es necesario traerla al tema). Me ocuparé de ti más adelante, pensé. Y fue así como tropecé con ella varios años después, al final de las escaleras de la Librería de Cristal que estaba en el Boulevard 5 de Mayo, a un lado de los que fueron Cinemas Gemelos. Lumen había publicado una edición a cargo del poeta Carlos Manzano, en pasta dura:
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| En busca del tiempo perdido en la edición de Lumen, hoy agotada |
Guía para leer En busca del tiempo perdido - Mi recomendación es leer primero El tiempo recobrado y luego empezar por el primer volumen. La última parte de la serie te da una especie de resumen de todo lo anterior, es maravillosa la escena en que Marcel baila con la hija de Odette (RAF, Tantadel o la canción de Odette).
Tardé en leer toda la serie en 8 años. Los libros son carísimos y cuando tengo tiempo no tengo dinero. Y viceversa. La segunda vez que leí completo En busca del tiempo perdido empecé por El tiempo recobrado y terminé la serie en un año. Es fascinante, llena de sensaciones. Punto clave: la nostagia altera el tiempo, deforma el recuerdo que tenemos de él.
Muy importante: Marcel no es Proust y Combray no es Illiers. Retrata un mundo que ya no existe. En su tiempo, el ascenso de la burguesía desplaza a la aristocracia. En mi novela yo también tomo distancia y cambio los nombres. Y también recupera, en la medida que la memoria de un caballero lo permite, un mundo que ya no existe.
Carlos Fuentes decía que En busca del tiempo perdido cierra la novela decimonónica. Proust está en la dramatis personae de Sergio Pitol. Gustavo Sáinz afirmó que ya era imposible escribir algo así, a ese precio. Por lo demás, y eso lo dice Proust en su novela, es el lector el que se formula en su cabeza su propia versión del texto.

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