Nos daban un recorrido por todo el almacén. Pagaban 3900. Era la época en que, viviendo a lo pobre, necesitaba 6000 (pagaba renta de un cuarto por 1300, comía una vez cada dos días, cuando perdía el transporte de personal me regresaba caminando, hacía tres horas a pie). Pasaba hambre y frío, y la soledad de la nostalgia, siempre rodeado de gente rara o extraña (tatuados, calientes, delincuentes, mariguanos, agresivos, majaderos): aquello parecía la sucursal del penal de San Miguel. No exagero: alguien había hecho suya la frase atribuida a El Chapo: más vale cinco años viviendo como rey que 100 viviendo como esclavo. Debe haber sido el pájaro nalgón que te preguntaba ¿Número de Esclavo? cuando sacaba la lista del tiempo extra.
Aquí te dejo el recurso, decía la de RRHH. Uno empezaba en la caseta del operativo (la otra era la de los jefes): Almacén, Metales, ???? y Recibo. Cuando llegabas ahí ya le habías dado la vuelta a todo. Podías subir (te hacían jefecito de algo) o caer (al fondo, había una chava que tenía cuatro años en un lote cerrado: me regaló una playera de la empresa que le había quedado grande; la corrieron cuando no pudo con los inventarios). Me sorprendió que hubiera tanta madre soltera en ese trabajo pesado, de ir y venir y todo a las carreras. Pero las señoras tenían habilidad para suministrar material a la línea. Y la línea de producción es un tren que no puede parar: o lo alcanzas o lo pierdes. Método JIT: Just in time, alardeaba la armadora alemana.
Está papita, le dijo el sobrino al tío. Pan comido, afirmó el tío. Pensé en decirles no sean mamadores pero estaba tan ocupado que no tenía tiempo ni de ir a mear. Sería un lunes. El viernes ya los habían sacado de la caseta: estaban paraditos en la puerta, de conserjes. Luego, desaparecieron. No, no estaba papita. Lo pagaban muy mal, eso sí, porque solicitaban secundaria. Pero no estaba fácil en absoluto. La gente salía corriendo de ahí. O los echaban a la calle al primer error, como a los montacarguistas, cuando chocaban los muy estúpidos (les pagaban seis mil pesos y lo hacían todo mal los muy güevones).
Había que afiliarse a la FROC-CROC, uno de los corporativos sindicales del PRI. ¿No que desde Fox la afiliación ya no es forzosa?. Pero el sindicato tenía el contrato colectivo de trabajo. Negando el derecho al trabajo. Pero bueno, así es todo en esta especie de país. "Es sólo un formulismo", me dijo la licenciada que llevaba las afiliaciones. Pero tu firma le da firmeza: te descontaban 100 pesos por faltar a las asambleas, que eran el primer domingo de cada mes.
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