No veo la del Juan Rulfo (Puebla) pero sí la del Sergio Galindo (UV): convocatorias vigentes de primera novela en México. Tenemos el tiempo justo, a ver qué pasa.
miércoles, 28 de octubre de 2026
cirilo
Ahora era vigilante. Pagaban poco, pero ganaba el doble que tú por un trabajo sencillo, aunque aburrido. Llevaba un tolete. Podía detenerte si quisiera, luego se aclararía. Esperaba su camión, probablemente a San Miguel Xoxtla. Tú, cuando perdías el transporte de personal, tenías que cruzar la Autopista México-Puebla para tomar el camión a la Angelópolis. Te bajabas en La CAPU para abordar un segundo transporte. Se perdían cuatro horas diarias en esos incómodos viajes.
Lo habían alcanzado los nuevos planes de estudio. Le pasaron por encima como alumno repetidor. Pero había dejado la pobreza del campo, gastaba unos zapatones bostonianos, durísimos, en lugar de huaraches. Si se ponía abusado, pronto podría dirigir una cuadrilla, de esos que andan haciendo rondines en patrulla. Probablemente había pescado a varios usando el teléfono móvil: se los arrebataba y destruía, pues estaba prohibido tomar fotografía y video. Eso explicaba los zapatotes, aunque fueran incómodos: quedaban hechos papilla, untados al pavimento. Además, tenían casquillo en la punta. Era la razón de la fuerza.
maribel
El nombre llegó por el lugar común: Maribel Guardia, la actriz costarricense. Nada que ver, desde luego. Sí que tenía unos ojos verdes, o pardos, grandes. Apretando el paso, esperabas pasar inadvertido, pero desgraciadamente te renoció: no había nadie en la explanada y ella esperaba, con enfado, a alguien: tenía una maleta Samsonite a su lado, lista para viajar. Te daba pena saludar, llevar el uniforme del almacén porque no habías encontrado un buen trabajo y había que pagar la renta y medio comer (se pasaba hambre, pues sólo alcanzaba para pagar el aquiler de un cuarto). No querías reconocer la derrota: luego de tanto estudio, había que hacer el título a un lado y tomar un empleo de tercera clase para operar el SAP aprendiendo de la peor manera posible (a la mala). Sí que te reconoció. Probablemente se acordó que no quisiste ayudarla con la mudanza, a pesar de la fiesta que daría a continuación. Esa fue la última vez que cruzaron palabra en la Facultad. No sabía que trabajaba en la famosa armadora alemana. Había pescado marido, de acuerdo a su Facebook. Bien por ella. ¿Podía ayudarte? Quizá no, pero no perdías nada con saludar al pasar: la educación es de quien la da, no de quien la recibe. Ni modo.