Otro de los libelos publicados durante la campaña presidencial de 1987, iba dirigido contra el candidato del PAN, El Maquío (en marzo me apersoné en su mítin (quizá del inglés meeting, encuentro o reunión) del Parque Independencia, para saludarlo: "no lo van a detener", pensé en el apretón de manos). El gobierno lo difamaba. Quería ser demoledor, lo mostraban detrás de un grupo de chiquillos, a quienes usaría como escudo si las cosas se ponían feas. Y se pusieron, no sólo en la campaña para gobernador de Sinaloa (el candidato oficial era FLO) sino después: acompañado de Javier Calvo, un tráiler torton embiste el vehículo del ingeniero en la carretera México-Nogales, cerca de Culiacán. Hay una silla vacía en la toma de posesión de Ernesto Ruffo, gobernador de Baja California. Unos años después, en Lomas Taurinas, Tijuana, en terreno priísta, uno de los suyos, Aburto, ultima a Colosio. Hombre, si parece mandado a hacer.
Ya desde entonces, desde el gobierno, desde la secretaría de Gobernación de Bartlett, se quería dividir, separar el agua del aceite, lo bueno de lo malo, lo viejo y lo joven, lo pobre y lo rico, lo blanco y lo moreno, lo neoliberal y lo populista. Recuerdo que el libelo lo regalaban en los puestos de periódicos de la Unión de Voceadores, uno de los sindicatos del partido oficial.
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