Se me ha ocurrido otra versión que juega con el sueño o la pesadilla: retratar ese mundo, el de 1988. No hay teléfonos móviles, ni cajeros automáticos. Hacer sentir esa época en el momento de tomar decisiones, los obstáculos que, en la vida práctica, supone. Meterse en la cabeza del personaje, su sentir, su dolor: el derrotado que viene por la revancha. Tiene voluntad, pero no hay dinero (era la época de una inflación de 100%, la de 2025 fue de 10%: ¡magínese!). En fin, cualquier cosa, todo lo necesario, para llevarse al lector a ese mundo.
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