miércoles, 28 de octubre de 2026

ciri

Ahora era vigilante. Pagaban poco, pero ganaba el doble que tú por un trabajo sencillo, aunque aburrido. Llevaba un tolete. Podía detenerte si quisiera, luego se aclararía. Esperaba su camión, probablemente a San Miguel Xoxtla. Tú, cuando perdías el transporte de personal, tenías que cruzar la Autopista México-Puebla para tomar el camión a la Angelópolis. Te bajabas en La CAPU para abordar un segundo transporte. Se perdían cuatro horas diarias en esos incómodos viajes.

Lo habían alcanzado los nuevos planes de estudio. Le pasaron por encima como alumno repetidor. Pero había dejado la pobreza del campo, gastaba unos zapatones bostonianos, durísimos, en lugar de huaraches. Si se ponía abusado, pronto podría dirigir una cuadrilla, de esos que andan haciendo rondines en patrulla. Probablemente había pescado a varios usando el teléfono móvil: se los arrebataba y destruía, pues estaba prohibido tomar fotografía y video. Eso explicaba los zapatotes, aunque fueran incómodos: quedaban hechos papilla, untados al pavimento. Además, tenían casquillo en la punta. Era la razón de la fuerza.

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