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domingo, 19 de julio de 2026

el caso rushdie 1989-1999

Creo que Salman Rushdie estuvo en la Casa Refugio del Escritor, en Puebla. Probablemente en los días que Pedro Ángel Palou era Secretario de Cultura. Estaba en el Centro, en Maximino Ávila Camacho, cerca de la Facultad de Filosofìa y Letras de la UAP. Quizá en esa época lo entrevistó Ricardo Rocha (Carlos Fuentes se había sumado al Comité Pro-Rushdie).

La publicación de The Satanic Verses coincidió con el acercamiento del gobierno británico e iraní, que venía de una desastrosa guerra de diez años con Iraq y le urgía crédito para su reconstrucción (los ingleses necesitaban energéticos). Un líder religioso, bastante enfermo, tiene la puntada de usar su poder para decretar una sentencia de muerte al escritor británico, la editorial y todos los que tuvieran que ver con la publicación de la novela. Para mí, como se lo comenté al Mtro. Noé Castillo Alarcón en un telefonema (La Ibero tenía un espacio en La HR), la verdadera razón para decretarle una fatwa tiene que ver con la caricatura que hizo del Ayatola Jomeini: un líder que vive encerrado en su departamento de París para evitar la contaminación de Occidente, aguardando el regreso tras la caída del sha de Irán (exiliado en Acapulco). A la propia Margaret Thatcher la llama Maggie La Sanguinaria y, en novelas anteriores, se mofa de Indira Gandhi y del generalote de turno en Pakistán. En fin, se había vuelto papa caliente y moneda de cambio para ambos gobiernos.

El caso es sobre la libertad de expresión, base de la democracia. La censura y los presos de conciencia son el pan de cada día de las dictaduras. Aquí y en China. En mi novela, uso una frase de Los versos satánicos como epígrafe: Cuán dura la lucha ...

lunes, 12 de mayo de 2025

el camino de su historia

Fue a la entrada del DIPEPSA 5 que recordé a esta mujer treintañera que tomaba el taller de la Revista Culturista pero también el curso de Pedro Ángel Palou en la Dirección Municipal de Cultura y clases en el COLLHI. Porque sí estaba en el COLLHI, ¿verdad?. Se colgaba los lentes en el bordillo de la blusa. No usaba bolso. ¿Tenía vehículo propio, por eso nunca te la topabas?.

Una vez la vi salir de uno de los despachos situados (sito) en la Maximacho Ávila Camino, decía el gran José Luis Ibarra Mazari. O a la vuelta de la 2 Norte.


Museo Salón Candiles
Museo Salón Candiles


¿Qué escribía?¿Cuento, novela, teatro, cine, poesía?¿Qué quería contar?. Imagino que su mundo era mucho más pequeño que el nuestro, quizá reducido al Centro Histórico, la casa de sus padres, su empleo en un despacho de abogados, en donde se pasaba la vida contestando el teléfono, capturando en la computadora, archivando.

¿Te imaginas haber tenido una bonita amistad con alguien como ella, con aspiraciones literarias? No cruzamos ni una sola palabra, aunque nos vimos un par de veces. Tenía el cabello más o menos corto, ondulado, la piel blanca, un rostro serio, casi hostil, los ojos oscuros, la mirada franca. Una mujer atractiva, sin duda. Sabremos que pasó si logra publicar su obra. O quizá  ni así. Tendría que ser un hito, algo de lo que fuera fácil enterarse aunque vivas debajo de una piedra.

Ojalá haya encontrado su voz, el camino de su historia. Mientras tanto, que no deje de escribir, que no deje de buscar (es trabajo de minería).


sábado, 10 de septiembre de 2022

la estructura o como contar la historia

Recién había leído Diario de Ana Frank (1986) y Taíb (1989) de Ricardo Garibay, y llevaba un casi-diario desde la preparatoria, de modo que, de manera natural, creí que así contaría la novela, como un diario personal. Pero yo no tengo talento, de modo que se me caía. Perdido el rumbo, me detuve.

OoO

Claro que tuvimos varias crisis de fe, como el héroe, en el que llegado a un punto parece que todo está perdido. Pero, de alguna manera, como partía de un mundo conocido, el universitario, seguía acumulando información, tanta, que la fui organizando por temas (mundo novelesco). Eso fue, sin saberlo, lo que salvó el proyecto. Ya en un taller de Pedro Ángel Palou sobre La Poética de Aristóteles, había escuchado de los temas clásicos de la ficción. Pero no fue sino hasta más adelante, cuando me leí De escritura, del cuento a la novela, del poeta Bernardo Ruiz, que vi el horizonte: contaría mi historia no por tiempo sino por tema. Esa fue la solución que me permitió avanzar, el puente entre el inicio y el final. En efecto, la literatura sólo se realiza escribiendo, sumando palabras, y así fue como llegué al indispensable primer borrador.

OoO 

Y volvía a empezar cada cierto tiempo. Eso sí, siempre empezaba casi igual. No sabía cómo terminaría pero siempre supe cómo era el principio. 

Hubo una época en la que me inspiraba en Los periodistas, de Vicente Leñero. El ingeniero civil que había abandonado los números por las letras, había resuelto escribir una novela sin ficción para contar el golpe político de Echeverría al periódico Excélsior que dirigía Julio Scherer.

    No logré una novela política, pero sí una novela testimonial. Desde luego no es una novela de grupo ni mucho menos de una época, pero sí de un momento: los años universitarios, un mundillo que conocí bien porque a mí siempre me gustó estudiar.


La trama tiene un entorno: un mundo. Un mundo novelesco en nuestro caso. Entonces decidí que para no tener problemas cambiaría los nombres y a todos les endilgaría un apodo. Inclusive a las llamadas personas públicas. Fue divertido. Casi puedes decir cualquier cosa, el límite es la verosimilitud.