miércoles, 28 de octubre de 2026

guardia

El nemónico fue la actriz costarricense. Nada que ver, desde luego. Sí que tenía unos ojos verdes, o pardos, grandes. Apretando el paso, esperabas pasar inadvertido, pero desgraciadamente te renoció: no había nadie en la explanada y ella esperaba, con enfado, a alguien: tenía una maleta Samsonite a su lado, lista para viajar. Te daba pena saludar, llevar el uniforme del almacén porque no habías encontrado un buen trabajo y había que pagar la renta y medio comer (se pasaba hambre, pues sólo alcanzaba para pagar el aquiler de un cuarto). No querías reconocer la derrota: luego de tanto estudio, había que hacer el título a un lado y tomar un empleo de tercera clase para operar el SAP aprendiendo de la peor manera posible (en vivo, sin manual, atenido a los malos modos del encargado de turno). Sí que te reconoció. Probablemente se acordó que no quisiste ayudarla con la mudanza, a pesar de la fiesta que daría a continuación. Esa fue la última vez que cruzaron palabra en la Facultad. ¿Podía ayudarte? Quizá no, pero no perdías nada con saludar al pasar: la educación es de quien la da, no de quien la recibe. Ni modo. 

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